5 diciembre, 2022
Cultura

Allá lejos y hace tiempo…

Buenos es la Ciudad donde el tiempo no existe. Esquinas tan antiguas como espacios modernos. Microcentro porteño un ejemplo donde confluyen dos mundos.

Buenos Aires la Ciudad de las mil caras. Una Ciudad tan moderna como antigua donde los mundos confluyen con diferencias   de tiempos.

Esquinas  tan clásicas como actuales conviven en una misma Ciudad. Caminar por Buenos Aires es encontrarse con  ferreterías, farmacias, librerías, bodegones, charcuterías o alquileres de video que parecen sacados de otra era.

La Ciudad se congracia en su antepasado inmigrante. El porteño disfruta de esta polaridad en la que convive cotidianamente inmerso y la Ciudad resulta una maquina imparable del tiempo.

Lejos de resultar espacios oscuros o lúgubres estos espacios se renuevan sin perder su identidad y generan atracción.

Bares, barberías, esquinas, ferretería, tiendas y hasta farmacias con decoración tradicional vuelven  especial, los barrios en donde se encuentran.

Algunos locales y cafeterías tienen más de 100 años de existencia.

Las razones del porque existen estos espacios a pesar de estar insertos en una  ciudad  tan moderna como Buenos Aires son varias: largas etapas de políticas económicas proteccionistas, la nostalgia del inmigrante y una vida barrial arraigada.

“Estos lugares mantienen vivas nuestras identidades”, afirma Carolina Huffmann, arquitecta y miembro de Urbanismo Vivo, un grupo que trabaja temas urbanos, participación ciudadana y organiza caminatas por la ciudad.

“Son identidades que tienen que ver con la forma como los porteños damos valor a las cosas y a la historia a través de la experiencia con una lógica comercial, de alguna manera mágica, en la que se busca la calidez humana y el buen trato personal”, asegura.

El barrio San Telmo fue habitado por las familias más ricas de la ciudad hasta que, en 1871, la epidemia de la fiebre amarilla asoló la zona y los supervivientes se desplazaron hacia el norte de la ciudad.

A todo esto se le sumó la huida de las familias acomodadas, los inmigrantes europeos aprovecharon las edificaciones coloniales agolpándose en los llamados “conventillos”, en los que las familias malvivían hacinadas en pequeños cuartos de esas precarias casas.

En el norte mientras tanto se enriquecía, San Telmo llegó a un punto de decadencia muy elevado, por lo que se consideró su demolición. En 1970 se creó la feria de antigüedades de la Plaza Dorrego y se tomó la determinación de conservar el importante patrimonio arquitectónico de la zona propiamente dicha.

En el corazón de San Telmo, formado por la Plaza Dorrego, la más antigua de la ciudad después de la Plaza de Mayo. Cada domingo la plaza se convierte en el escenario de una peculiar e interesante feria de antigüedades, una de las más populares de latinoamérica.

Este antiguo barrio es uno de los barrios mejor conservados de la ciudad y está repleto de lugares de interés como el Zanjón de Granados, el Museo Penitenciario, o lugares tan curiosos como la Casa Mínima que, con 2,50 metros de ancho y 13 de profundidad, es la casa más angosta de la ciudad, una curiosidad realmente.

Aunque lugares como éstos hay por decenas en la capital argentina, sobre todo en el cada vez más turístico barrio de San Telmo, presentamos estos cuatro que me parecieron distintivos, encantadores y no del todo conocidos.

No solo san Telmo sino también  Boedo, Almagro, Recoleta o San Cristóbal se caracterizan por ser barrios con muchos espacios antiguos.

Justamente son estos espacios son los que determinan la identidad de los barrios y le otorgan ese rasgo característico que atrae a los turistas.

 

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