2 marzo, 2024
  • Inicio
  • Cultura
  • Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, retratadas por la lente del fotógrafo Leo Vaca
Cultura

Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, retratadas por la lente del fotógrafo Leo Vaca

“Un abrazo infinito”, la conmovedora muestra que reúne 40 imágenes con las que el fotógrafo Leo Vaca retrató a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo junto a objetos que atesoraron de sus hijos, hijas y nietos, se inaugurará el próximo 6 de julio en el Centro Cultural Haroldo Conti, en conmemoración de los 40 años de democracia en Argentina.

El proyecto surgió de la Secretaría de Derechos Humanos que encomendó, todavía en pandemia, retratar a las Madres y Abuelas en sus hogares para acompañar la fecha del 24 de marzo de 2021, pero luego de tomar imágenes de nueve integrantes, la iniciativa se expandió a nivel nacional durante dos años más, relató el fotógrafo.

“Visité a cada una en sus hogares, a solas, tuve una charla con ellas y luego las fotografié en sus espacios íntimos, con algunos objetos atesorados”, contó a Télam Leo Vaca (La Plata, 1973), quien comenzó su carrera en los 90 y trabajó en medios como El Día, La Prensa, Infojus Noticias, Revista Anfibia, Crisis y Gatopardo.

En las imágenes, aparecen las protagonistas junto a fotografías de sus hijos o hijas, poemas, ropas, esquelas o notas donde les piden que los despierten en un determinado horario, juguetes de la infancia o recortes de diarios donde se publican los reclamos por la desaparición, en dictadura.

“Leo Vaca retrató a las Madres con pañuelo, fue a buscarlas cuando la pandemia las había aislado como a todas las personas mayores. Fue a mirar con ellas en la intimidad de la ausencia/presencia de sus hijes. Son un abrazo también como el que se declama a su paso: Madres de la Plaza ¡El pueblo las abraza!”, sostuvo la periodista Marta Dillon, acerca de la muestra.

Consideró que “no hay el estruendo de lo público en estas imágenes, suena en cambio el sonido de sus casas, sus paisajes, las plantas, el de sus propias biografías transitadas con su hijos e hijas a cuestas y también la anterior. Son un tesoro las ollas fotografiadas que viajaron desde el terror del Holocausto para ponerse a salvo en este territorio que les dio un respiro momentáneo”.

“La letra casi infantil de un poema; las fotos familiares, escasas a partir de la adolescencia; lo que se había hecho para esos hijos y esas hijas antes de que también salieran a la vida política; esos objetos no pueden lo que puede un cuerpo, pero ahí estuvieron, manteniendo el espacio vacío lleno de ternura y de rabia. La desaparición no se lleva una vida, no al menos en su primer tramo, sigue titilando en la incertidumbre”, afirmó Dillon.

“Y por eso las cosas tienen que quedar a la espera: el lugar de las flores, los certificados de estudio, otra vez las fotos. Que aquí son a la vez fotografiadas en un gesto que busca también captar con la luz la persistencia de las Madres por sostener no sólo la memoria sino la presencia de les ausentes en los pequeños gestos que hacen a la vida cotidiana, más acá y más allá del pañuelo: una identidad y un grito político que transformó para todes la barrera de lo posible”, reflexionó.

“En las arrugas de las manos, en la luz de las cocinas, las salas y los jardines, en las imágenes de cuando ser madre era todo promesa, en los rasgos ajados donde se puede advertir la herencia interrumpida de un hijo que sonríe para siempre en un registro de graduación, en el bordado de los pañuelos blancos; allí tal vez haya algo de respuesta para las preguntas del principio que recorren esta muestra: ¿Cómo se teje la trama de la existencia en torno a un cuerpo ausente? Mientras, a la vez, se formulan otras: ¿Quiénes seremos todes cuando las Madres ya no estén? ¿Dónde seguirán estando?”, se preguntó la activista.

Las imágenes captadas por el fotógrafo forman también parte de un libro con una dedicatoria del secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti, quien manifiesta: “Ni en los momentos más difíciles, cuando en soledad luchaban contra la incertidumbre y la impunidad, cedieron ante la desesperanza y al deseo de venganza. Las ‘locas de Plaza de Mayo’ recorrieron un largo camino sin renunciar a sus convicciones, acompañadas por el amor de un pueblo que las abrazó y las consagró como un símbolo de nuestra democracia”.

Related posts

El gobierno porteño terminó de demoler “El galpón cultural de Ortúzar”

MIRÁ BUENOS AIRES

La tumba perdida de Juan Larrea, el suicida de la Primera Junta

MIRÁ BUENOS AIRES

El 20 de enero abre la esperada muestra inmersiva de Frida Kahlo en la Ciudad

MIRÁ BUENOS AIRES