17 abril, 2024
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Revivieron un “virus zombie” de 48.500 años congelado en el Ártico

Científicos franceses lograron “revivir” unas cinco familias de virus, todas infecciosas para las amebas unicelulares. De ellas, la más antigua tiene casi 48.500 años, según registraron mediante radiocarbono del suelo.

Potencial pandemia por virus zombi

La resucitación de estos “virus zombi, parece ser de ciencia ficción, pero los científicos advirtieron que los riesgos, si bien son bajos, no se deben subestimar.

En esta línea, Kimberley Miner, científica climática del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, en el Instituto de Tecnología de California en Pasadena señaló que “están sucediendo muchas cosas con el permafrost que preocupan, y esto demuestra por qué es muy importante que mantengamos la mayor cantidad posible de permafrost congelado”.

Lo que se conoce como permafrost, es una capa que representa la quinta parte del hemisferio norte y ha sustentado la tundra ártica y los bosques boreales de Alaska, Canadá y Rusia durante milenios.

La capa sirve como una especie de cápsula del tiempo que conserva, además de virus antiguos, los restos momificados de varios animales extintos que los científicos han podido desenterrar y estudiar en los últimos años, incluidos dos cachorros de león cavernario y un rinoceronte lanudo.

La razón por la que el permafrost es un buen medio de conservación no solo se debe al frío; sino que además es un ambiente libre de oxígeno en el que no penetra la luz. En la actualidad, las temperaturas del Ártico se calientan hasta cuatro veces más rápido que el resto del planeta, debilitando la capa superior de permafrost en la región.

El profesor emérito de medicina y genómica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Aix-Marseille en Marsella, Francia, Jean-Michel Claverie, realizó un análisis para comprender mejor los riesgos que plantean los virus congelados. Con los estudios, el científico utilizó muestras de tierra tomada del permafrost siberiano para ver si hay partículas virales que sigan siendo infecciosas. Está en busca de lo que describe como “virus zombi”, y ya ha encontrado algunos.

Virus del pasado

En 2003, Claverie descubrió un virus de un tipo particular, que es conocido como virus gigantes, son mucho más grandes que la variedad típica, y son visibles con un microscopio de luz normal, en lugar de un microscopio electrónico más potente, lo que los convierte en un buen modelo para este tipo de trabajo de laboratorio.

Los esfuerzos del equipo científico para detectar virus congelados en el permafrost fueron inspiración parcial, de un equipo de científicos rusos que en 2012 revivió una flor silvestre a partir de un tejido de semilla de 30.000 años encontrado en la madriguera de una ardilla.

Dos años más tarde, en el 2014, se logró revivir un virus aislado del permafrost, se lo volvió infeccioso por primera vez en 30.000 años al insertarlo en células cultivadas. Por motivos de seguridad, eligió estudiar un virus que solo podía atacar a las amebas unicelulares, no a los animales ni a los humanos.

La hazaña se repitió en 2015, aislando un tipo de virus diferente que también atacaba a las amebas. En su última investigación publicada el 18 de febrero en la revista Viruses, Claverie y su equipo aislaron varias cepas de virus antiguos de múltiples muestras de permafrost tomadas de siete lugares diferentes en Siberia y demostraron que cada uno podía infectar células de ameba cultivadas.

Las últimas cepas representan cinco nuevas familias de virus, además de las dos anteriores que ya se habían revivido. La más antigua tenía casi 48.500 años, según un registro hecho por radiocarbono del suelo, y provino de una muestra de tierra extraída de un lago subterráneo a 16 metros (52 pies) por debajo de la superficie. Las muestras más jóvenes, encontradas en el contenido del estómago y en la capa de los restos de un mamut lanudo, tenían 27.000 años.

Claverie teme que la gente considere su investigación como una curiosidad científica y no perciba la posibilidad de que los antiguos virus vuelvan a la vida como una grave amenaza para la salud pública.

“Vemos estos virus que infectan amebas como sustitutos de todos los demás posibles virus que podrían estar en el permafrost”, dijo Claverie. “Vemos las huellas de muchos, muchos, muchos otros virus”, agregó. “Así que sabemos que están allí. No sabemos con certeza si todavía están vivos. Pero nuestro razonamiento es que si los virus que atacan las amebas todavía están vivos, no hay razón por la que los otros virus no sigan vivos y sean capaces de infectar a sus propios anfitriones”.

Infecciones humanas en el pasado

En las varias investigaciones realizadas en estas capas congeladas, se encontraron rastros de virus y bacterias que pueden infectar a los humanos conservados en el permafrost.

Esto se observó en una de las muestras realizadas al pulmón del cuerpo de una mujer exhumada en 1997 del permafrost en un pueblo de la península de Seward en Alaska contenía material genómico de la cepa de influenza responsable de la pandemia de 1918.

En 2012, los científicos confirmaron que los restos momificados de 300 años de antigüedad de una mujer enterrada en Siberia contenían las marcas genéticas del virus que causa la viruela.

Virus que provocaron muertes masivas en humanos y animales

Un brote de ántrax en Siberia que afectó a decenas de humanos y a más de 2.000 renos entre julio y agosto de 2016 también ha sido atribuido al deshielo más profundo del permafrost durante los veranos excepcionalmente calurosos, lo que permitió que viejas esporas de Bacillus anthracis resurjan de antiguos cementerios o de cadáveres de animales.

Otras de las miradas científicas en lo que conlleva a los descubrimientos de virus del pasado, la tiene Birgitta Evengård, profesora emérita del Departamento de Microbiología Clínica de la Universidad de Umea, en Suecia, quien dijo que debería haber una mejor vigilancia de los riesgos que representan los patógenos potenciales en el descongelamiento del permafrost, pero advirtió contra un enfoque alarmista.

“Debe recordar que nuestra defensa inmunológica se ha desarrollado en estrecho contacto con el entorno microbiológico”, dijo Evengård, que forma parte del Centro Nórdico de Excelencia CLINF, un grupo que investiga los efectos del cambio climático en la prevalencia de enfermedades infecciosas en humanos y animales en las regiones del norte.

“Si hay un virus escondido en el permafrost con el que no hemos estado en contacto durante miles de años, es posible que nuestra defensa inmunológica no sea suficiente”, dijo. “Es correcto tener respeto por la situación y ser proactivo y no solo reactivo. Y la forma de combatir el miedo es tener conocimientos”.

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